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FOTO SANTEROS DE AGUADA

Santeros de Aguada 2026: Del 17-17 a quedarse a un minuto de la gloria
Por Rafy Velez


Hay temporadas que se recuerdan por un campeonato y otras que, aun sin terminar con el trofeo, quedan grabadas por el camino recorrido. La de los Santeros de Aguada en el Baloncesto Superior Nacional de 2026 pertenece a esa segunda categoría.
 

Aguada terminó la temporada regular con récord de 17-17. Nada en aquella marca anticipaba necesariamente lo que vendría después: eliminar 4-2 a los Capitanes de Arecibo, despachar 4-2 a los Leones de Ponce y llevar la Serie Final contra los favoritos Vaqueros de Bayamón hasta un séptimo partido cuyo campeonato estuvo en juego hasta el último minuto.
 

Pero para comprender cómo Aguada pasó de ser un equipo de .500 a quedarse a minutos de conquistar el BSN, hay que hablar de nombres.
 

Y hay que comenzar con Rigoberto “El Vikingo” Mendoza.
 

Rigoberto “El Vikingo” Mendoza: corazón, ofensiva y una defensa extraordinaria
 

A sus 34 años, Rigoberto “El Vikingo” Mendoza fue mucho más que uno de los refuerzos de Aguada. Fue uno de los pilares sobre los cuales se construyó toda la temporada.
 

Mendoza estuvo con los Santeros durante toda la campaña y asumió una enorme responsabilidad. En la temporada regular disputó 33 partidos, promediando 33.0 minutos, 17.6 puntos, 4.7 asistencias y 1.6 robos por encuentro.
 

Pero evaluar su temporada únicamente por los puntos sería cometer una injusticia.
 

El trabajo defensivo de “El Vikingo” fue extraordinario.
 

Mendoza aceptó responsabilidades en ambos lados de la cancha. Mientras ofensivamente era una de las principales opciones de los Santeros, defensivamente no se escondía. Utilizaba su experiencia, fortaleza física e intensidad para incomodar al rival y generar jugadas defensivas.
 

Sus 1.6 robos por partido durante la temporada regular ayudan a ilustrar esa aportación defensiva.
 

Y eso adquiere todavía mayor valor considerando la carga que tenía ofensivamente.
 

A los 34 años jugaba 33 minutos por noche, tenía que producir puntos, crear oportunidades para sus compañeros y, al mismo tiempo, aportar defensivamente.
 

“El Vikingo” fue el motor de Aguada. Cuando el equipo necesitaba una canasta importante, experiencia para manejar un momento complicado o intensidad defensiva, Mendoza estaba allí.
 

Jacob “El Coyote” Wiley: la pieza que cambió la dimensión de Aguada
 

La llegada de Jacob “El Coyote” Wiley, después del juego número 11 de la temporada, representó otro momento importante en la construcción de los Santeros.
 

Wiley terminó participando en 24 partidos de temporada regular, promediando 12.8 puntos en 24.6 minutos, con un excelente 55.8% de campo. También aportó 1.9 rebotes ofensivos, 2.6 asistencias, 1.1 robos y un bloqueo por encuentro.
 

“El Coyote” significó mucho más que estadísticas. Su llegada le dio a Rafael “Pachy” Cruz una pieza atlética y versátil que podía correr la cancha, finalizar cerca del canasto, defender y aportar energía.
 

Wiley complementó perfectamente a “El Vikingo” Mendoza y ayudó a darle a Aguada otra dimensión.
 

Joel Soriano: el factor que apareció para la postemporada
 

Si hubo una incorporación cuyo verdadero valor terminó apreciándose en el momento más importante de la temporada, fue la de Joel Soriano.
 

Soriano llegó prácticamente al cierre de la fase regular. Solo participó en cinco partidos, pero inmediatamente comenzó a demostrar lo que podía ofrecer. En esos encuentros produjo 10.2 puntos en apenas 21.2 minutos, capturó seis rebotes por partido, incluyendo dos ofensivos, y lanzó para 47.9% de campo.
Sin embargo, fue en la postemporada donde su presencia se convirtió en un factor para los Santeros.
 

Soriano impactó a Aguada tanto ofensiva como defensivamente.
 

Ofensivamente, su presencia interior le dio a los Santeros una alternativa cerca del canasto. Su capacidad para establecer posición, finalizar jugadas y atacar el rebote ofensivo obligaba a las defensas rivales a prestarle atención dentro de la pintura.
 

Defensivamente, su tamaño y fortaleza le dieron a Pachy Cruz una presencia interior capaz de competir físicamente, proteger la pintura y ayudar en el trabajo de rebotes.
 

Aguada encontró en Soriano algo que necesitaba para afrontar los playoffs: un jugador interior capaz de influir en el partido en ambos extremos de la cancha.
 

Su trabajo ofensivo y defensivo fue uno de los factores importantes en el desempeño de los Santeros durante la postemporada y en su recorrido hasta el séptimo partido de la Serie Final.
 

Llegó tarde.
 

Pero llegó exactamente cuando Aguada más lo necesitaba.
 

Manny Camper: de pieza útil a factor importante
 

Otra de las grandes historias de Aguada fue Manny Camper.
 

A medida que avanzó el torneo se convirtió en una pieza cada vez más importante para Pachy Cruz.
 

Camper participó en 31 partidos, promediando 9.0 puntos en 19.7 minutos, con 48.4% de campo y 39.8% desde tres puntos.
 

Su valor trascendió los puntos. Camper podía realizar diferentes trabajos dependiendo de lo que necesitara el equipo y su versatilidad permitió al cuerpo técnico utilizar distintas combinaciones.
 

Terminó convirtiéndose en un factor importante en el desempeño colectivo de los Santeros.
 

Iván Gandía: dirección y una peligrosa amenaza desde tres puntos
 

También merece un reconocimiento especial el armador Iván Gandía.
 

Gandía realizó un excelente trabajo conduciendo a los Santeros, pero hubo un elemento de su juego particularmente importante:
su tiro de tres puntos.
 

Durante la temporada regular disputó 33 partidos, promediando 24.5 minutos, 10.5 puntos y 3.3 asistencias. Además, lanzó para 37.1% desde la línea de tres puntos, conectando un promedio de 2.3 triples por partido.
 

Eso significaba que Gandía no solamente tenía que ser respetado como armador.
 

Había que defenderlo desde larga distancia.
 

Su capacidad para castigar desde el perímetro ayudaba a abrir espacios para Mendoza, Wiley y los jugadores interiores. Su trabajo desde la línea de tres puntos terminó siendo una de las armas importantes de Aguada.
 

Rafael “Pachy” Cruz y un cuerpo técnico que encontró la fórmula
 

Quizás uno de los mayores reconocimientos deportivos de esta temporada tiene que dirigirse al cuerpo técnico encabezado por Rafael “Pachy” Cruz.
 

Porque una cosa es reunir talento.
 

Otra muy diferente es conseguir que las piezas funcionen juntas.
 

Mendoza estuvo toda la temporada.
 

“El Coyote” Wiley llegó después del juego 11.
 

Soriano apareció prácticamente al final y terminó convirtiéndose en un factor ofensivo y defensivo durante los playoffs.
 

Camper fue creciendo en importancia.
 

Gandía aportó dirección y peligrosidad desde el triple.
 

Pachy Cruz y su cuerpo técnico consiguieron convertir todas esas piezas en un equipo.
 

Tuvieron que ajustar rotaciones, distribuir responsabilidades y lograr que jugadores con características muy diferentes entendieran sus funciones.
 

Y el resultado de ese trabajo apareció cuando más importaba.
 

La administración: competir contra los grandes, “A Pico y Pala”
 

Pero contar la historia de los Santeros de Aguada de 2026 solamente desde lo ocurrido sobre el tabloncillo dejaría fuera una parte fundamental de esta temporada.
 

Detrás del equipo que llegó hasta el último minuto del séptimo juego de la Final hubo una administración que también merece un enorme reconocimiento.
 

Wilson López, apoderado; Joel López, coapoderado; Justyn López, gerente general; y Allan Colón, director de operaciones, tuvieron ante sí uno de los retos más grandes que puede enfrentar una franquicia del BSN:
competir desde un mercado pequeño contra organizaciones pertenecientes a mercados mucho más grandes.
 

Y Aguada compitió.
 

No solamente participó.
 

Compitió de tú a tú.
 

Esa diferencia es importante.
 

En una liga en la que los recursos económicos, la capacidad para contratar talento y el tamaño de cada mercado pueden marcar diferencias, la administración de los Santeros consiguió construir una plantilla que terminó enfrentándose por el campeonato nacional contra uno de los grandes mercados del BSN.
 

Lo hicieron tomando decisiones, realizando ajustes y buscando las piezas necesarias para mantener competitivo al equipo.
Mendoza estuvo desde el comienzo.
 

Llegó Wiley.
 

Más adelante apareció Soriano.
 

Camper encontró su espacio.
 

Gandía asumió responsabilidades.
 

Y Pachy Cruz recibió las herramientas para trabajar.
 

Nada de eso ocurre por accidente.
 

Detrás de cada movimiento existe planificación, evaluación, negociación y una administración tomando decisiones.
 

Por eso, cuando se evalúe la temporada 2026, el reconocimiento no puede quedarse exclusivamente con jugadores y entrenadores.
 

También pertenece a Wilson López, Joel López, Justyn López y Allan Colón.
 

“A Pico y Pala”: mucho más que un lema
 

Existe una frase que quizás resume mejor que ninguna otra lo que representaron los Santeros durante esta temporada:
 

“A Pico y Pala”
 

No fue simplemente un lema.
 

Terminó convirtiéndose en la identidad del equipo.
 

A pico y pala se construyó la plantilla.
 

A pico y pala se atravesaron los momentos difíciles de una temporada regular que terminó 17-17.
 

A pico y pala se hicieron los ajustes.
 

A pico y pala se incorporaron las piezas.
 

A pico y pala se eliminó a Arecibo.
 

A pico y pala se derrotó a Ponce.
 

Y a pico y pala, un equipo de un mercado pequeño terminó mirando de frente a uno de los grandes mercados del BSN con un campeonato nacional en juego.
 

Eso también explica por qué esta temporada tuvo un significado especial.
 

Aguada no necesitó comportarse como un mercado grande para competir con ellos.
 

Encontró su propia fórmula.
 

Una administración comprometida.
 

Un cuerpo técnico que supo maximizar sus recursos.
 

Veteranos que asumieron responsabilidades.
 

Refuerzos que entendieron sus funciones.
 

Jugadores que aceptaron roles.
 

Y un pueblo detrás de su equipo.
 

Eso fue “A Pico y Pala”.
 

Los playoffs revelaron al verdadero Aguada
 

La temporada regular terminó 17-17.
 

Entonces comenzó otro campeonato.
 

Los Capitanes de Arecibo fueron la primera prueba y Aguada ganó aquella semifinal de conferencia 4-2.
 

Después llegaron los Leones de Ponce.
 

Otra serie exigente.
 

Otra victoria 4-2.
 

Los Santeros eran campeones de conferencia.
 

El equipo que había terminado 17-17 estaba ahora a cuatro victorias del campeonato del BSN.
 

Frente al favorito
 

En la Serie Final aparecieron los Vaqueros de Bayamón, señalados por los expertos como favoritos.
 

Aguada no se intimidó.
 

La serie se convirtió en una batalla.
 

Bayamón golpeaba.
 

Aguada respondía.
 

Hasta que llegaron al escenario máximo:
 

Juego 7.
 

No había mañana.
 

Toda una temporada reducida a 40 minutos.
 

Y ni siquiera 39 fueron suficientes para decidirla.
 

El campeonato llegó vivo al último minuto
 

El campeonato del BSN de 2026 llegó al último minuto del séptimo juego.
 

Eso explica mejor que cualquier estadística lo cerca que estuvo Aguada.
Los Santeros no fueron simplemente el equipo que perdió la Final 4-3.
 

Obligaron al favorito a llegar hasta los minutos finales del séptimo partido para poder derrotarlos.
 

Bayamón finalmente prevaleció.
 

El campeonato fue de los Vaqueros.
 

Pero aquella derrota no podía borrar lo que acababa de hacer Aguada.
 

Mucho más que un equipo de 17-17
 

La historia completa de los Santeros de 2026 dice mucho más que su récord.
 

Dice que Rigoberto “El Vikingo” Mendoza, a sus 34 años, fue el gran referente del equipo durante toda la temporada, aportando ofensiva, liderazgo y un extraordinario compromiso defensivo.
 

Dice que Jacob “El Coyote” Wiley llegó después del juego 11 y añadió atletismo, eficiencia y versatilidad.
 

Dice que Joel Soriano llegó al final de la temporada y terminó convirtiéndose en un factor ofensivo y defensivo durante la postemporada.
 

Dice que Manny Camper se transformó en una pieza útil, versátil y sumamente importante.
 

Dice que Iván Gandía realizó un gran trabajo como armador y se convirtió en una verdadera amenaza desde la línea de tres puntos.
 

Dice que Rafael “Pachy” Cruz y su cuerpo técnico realizaron un trabajo increíble, encontrando la fórmula para llevar a aquel grupo hasta la Final.
 

Y también dice que Wilson López, Joel López, Justyn López y Allan Colón encabezaron una administración que, desde un mercado pequeño, consiguió construir una organización capaz de competir de tú a tú con los grandes mercados del BSN.
 

A un minuto de la gloria
 

El recorrido habla por sí solo:
 

17-17 en temporada regular.
 

4-2 sobre Arecibo.
 

4-2 sobre Ponce.
 

3-4 frente a Bayamón en la Final.
 

Séptimo juego. Último minuto. Campeonato todavía en juego.
 

Aguada estuvo así de cerca.
 

Bayamón levantó el trofeo y tendrá para siempre el campeonato de 2026.
 

Pero quienes siguieron a los Santeros saben que detrás del resultado final existió una historia mucho más grande.
 

Fue la historia de “El Vikingo” Mendoza, anotando, creando y defendiendo.
 

De “El Coyote” Wiley, dándole otra dimensión al equipo.
 

De Joel Soriano, convirtiéndose en un factor ofensivo y defensivo cuando llegaron los playoffs.
 

De Manny Camper, creciendo hasta transformarse en una pieza fundamental.
 

De Iván Gandía, dirigiendo y castigando desde la línea de tres puntos.
 

De Rafael “Pachy” Cruz y su cuerpo técnico, sacándole el máximo a cada pieza.
 

Y también fue la historia de Wilson López, Joel López, Justyn López y Allan Colón, una administración que demostró que el tamaño del mercado no necesariamente determina el tamaño de las aspiraciones.
 

Los Santeros no terminaron 2026 como campeones.
 

Pero demostraron que pertenecían a ese escenario.
 

Porque si algo definió a aquellos Santeros fue que nunca dejaron de trabajar, nunca dejaron de competir y nunca permitieron que las diferencias entre mercados determinaran hasta dónde podían llegar.
 

Aguada comenzó los playoffs intentando demostrar que podía competir por el campeonato y terminó la temporada quedándose a un minuto de la gloria.
 

Y lo hizo exactamente como anunciaba su lema durante toda la temporada:
 

A PICO Y PALA.

 

 

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